Desacoplamiento del ser-estar

Cuando pienso o imagino creo provocar una ruptura, sueño que soy; pero solo se es soñado en un momento presente y concreto. La ilusión no supera la realidad, pero es parte de la realidad. ¡Pobre hombre aquel que no se es soñado y, a la vez, está integrado en sus sueños!

Es posible que en otro contexto el animal humano no cargara con la conciencia del tiempo, del lenguaje que la ha engendrado, y ahí precisamente residiera lo que llamamos con toda ingenuidad, y con el peligro de anquilosarnos en tal ideal, la felicidad.

Como animales vivientes, es decir, animales provistos de fuerza expuesta al devenir existencial, y en nuestra condición velada de homo sapiens sapiens, encontramos cobijo en dos espacios que aparentan ser opuestos, pero que emergen de un mismo presente. Un espacio donde ser y estar permanecen acoplados, indisociables, yuxtapuestos. Cuando uno experimenta este estado de existencia, ya pueden venir los tiempos verbales y la noción temporal que se quieran, la estancia es de una sola naturaleza: se está y se es en un presente tangible, real, lienzo donde se lleva a cabo la obra inacabada e imperfecta que supondría la vida.

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Derecho a la violencia

Todo viene al mundo con violencia. No ha sido diferente, pues, el nacimiento de la charlatanería moderna, y su Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Nosotros que tenemos tanto de griegos, pero que tanto nos rechina todo aquello que no es justificado, racionalizado hasta las trancas. Verdaderamente hemos creado y nos hemos creído un mundo del diálogo y de las buenas formas. En la incipiente modernidad comenzó a emerger y a cobrar consistencia este tipo de existencia doblegada por el debilitamiento de la fuerza vital, del espontáneo hacer. En el seno de una sociedad deformada por una vida acomodaticia, esclava, sierva de su tiempo, arrastrada por la corriente del consumo y el bienestar instituido, se solidifican estas estructuras caracterológicas que frenan todo instinto animal, salvaje y vitalicio.

Esta historia tiene largo recorrido, pero un acontecimiento nos sobrepasa e induce al escalofrío: el acto, violento y fructífero, desafiante y mortífero, ha sido sustituido casi en su totalidad por un lenguaje deformado, que habla de más, que solo permite su palabra, sus verdades, su derecho a ser aprobado, influyente, convencedor, unívoco. En pleno s. XV se instaura en la ciudad-Estado genovesa, bajo el influjo del Renacimiento itálico, una forma muy concreta de dominar el Estado y los medios y recursos productivos. Se sustituyen las armas por las palabras, reina un juego, imbuido por la literatura clásica, de la diplomacia política y la retórica pública:

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III. Sociología económica. Estructura de clases: el mito de la clase media

La noción sobre las clases sociales se remonta a la Antigua Grecia, ya con Aristóteles y su Política; patente posteriormente en el Nuevo Testamento, haciendo mención a las relaciones entre ricos y pobres; también ciertos atisbos en Santo Tomás de Aquino sobre las órdenes sociales, durante el medievo; etc. (Dos Santos T., 1967, p. 81). Sin embargo, nos interesa las concepciones más contemporáneas de clase social, que andan arrastrándose desde autores como Adam Smith (1723-1790), es decir, aquellas que han emergido en el modo de producción capitalista, como análisis de este, con mayor o menor atino, pues, el conocimiento de las mismas está constreñido por el propio contexto y condiciones sociales que la hacen inteligible de una u otra forma. Esta premisa que sostiene que el contexto explica la realidad en sus términos propios nos servirá para examinar y entender las desviaciones teóricas que ha ido teniendo el concepto, sus encrucijadas y decorados.

El capitalismo que comenzó a instaurarse desde el s. XV en las ciudades-Estado genovesas, en su desarrollo histórico hasta nuestros días ha ido consolidando una estructura de clases cada vez más vigente y extendida por todo el globo terráqueo: allá donde ha operado el comercio, el capital, en su expansión, en buena medida ha mercantilizado las sociedades del mundo y las ha dirigido hacia los senderos de una sociedad de clases, bien diferenciada de lo que fue el sistema-mundo medieval y sus estamentos feudales. En el s. XIX se tenía en gran medida la seguridad y constancia de que existían, al menos, dos clases sociales: la proletaria y la burguesa (serían, si acaso, tres: también la rentista). La lucha de clases era uno de los fundamentos de los movimientos y teóricos sociales de la época, con miras en la revolución, en la emancipación social. El movimiento anarquista y marxista fueron protagonistas clave de dicha lucha. En cambio, durante el s. XX, en especial a finales y en el s. XXI, esta claridad puesta sobre la noción de dos clases sociales bien distinguidas tambaleó hasta quedar nublada por cierta inclinación teórica y mediática hacia la libre movilidad social: surgió así la noción de la “clase media”, de la capacidad individual de ascender en la escala social.

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II. Sociología económica: El nacimiento de la crisis del s. XXI

La crisis acontecida en 2007 y 2008 a escala mundial, bautizada como “La Gran Recesión”, no es un caso aislado, fruto de un “mal funcionamiento” concreto, de la sed de riquezas de cuatro individuos. En todo caso, de un concreto funcionar estructural, si acaso, de una sed de riquezas y dominio que opera a nivel estructural. No podríamos entender este estallido con la mirada ingenua del economista de oficina, pasmado en el escándalo presente y obstinado en resolver el problema con asépticas funciones matemáticas. Es necesaria una mirada histórica, así como filosófica, a fin de cuentas.

Ya en 2006 comenzaron a darse indicios del terremoto, así nos lo relata David Harvey (2012), donde aumentaron considerablemente los desahucios en estados como Cleveland y Detroit. Sin embargo, los medios no hicieron eco de este acontecimiento, resulta revelador, pues se trataban de minorías excluidas. Fue en 2007 cuando comenzó a afectar a la clase media blanca, donde los desahucios se convirtieron realmente en un problema social generalizado y manifiesto en los medios de comunicación: casi dos millones de desahuciados, y cuatro millones en peligro de desahucio. En términos generales, y mundiales, la economía se tradujo en endeudamiento y la incapacidad de saldar dichas deudas, por parte de sus acreedores: desde consumidores hasta las propias entidades bancarias (hecho que conllevó al rescate por parte de los Estados de muchas de ellas, las más poderosas). La caída del precio de la vivienda fue irremediable, y el anterior y generalizado apalancamiento económico terminó convirtiéndose en un riesgo inasumible, una pérdida de la rentabilidad en la inversión de viviendas.

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Dos realidades: Fraguas y Roquetas de Mar

1. Fraguas (Guadalajara, España), pueblo abandonado que ha sido y está siendo reconstruido, recuperando su historia y haciéndolo habitable. Un grupo de jóvenes se aventuraron a hacer posible este proyecto, abriendo una vía alternativa hacia un estilo de vida distinto al de la ciudad moderna. Ha tenido incluso el apoyo de los antiguos habitantes, del pueblo aledaño.
 
2. Roquetas de Mar (Almería, España), municipio que ha sido y está siendo arrastrado por el negocio especulativo y turístico-residencial. Ya en 2008 su plan de ordenación urbana tenía previsto, entre otras obras, la construcción de casi unas 8000 viviendas, la gran mayoría para uso turístico-residencial y 3 hoteles, así como un parque urbano, que acabaría con Las Salinas de San Rafael (motivo de manifestaciones vecinales, por su cariz cultural, histórico y natural) y construiría en torno al humedal de La Ribera de Algaida (esto asfixiaría el ecosistema del humedal, su flora, su fauna, con graves consecuencias futuras sobre la barrera de Posidonia oceánica que hay en la costa).
 
Dos realidades distintas. Adivinad cuál está siendo perseguida institucionalmente, condenada a prisión, y cuál está siendo salvaguardada política y económicamente.
 
Fraguas tiene todas las de perder, en este sentido, pero necesita nuestro apoyo y dar visibilidad a esta situación tan esperpéntica. El territorio, el habitar y asociarse es un derecho que se ha de conquistar en la práctica. Y Fraguas es un ejemplo de ello. Mientras que, como el caso de Roquetas demuestra, el territorio, el espacio, la ciudad, se han convertido en contenedores que llenar de cuantiosas sumas de dinero, para unos pocos, contenedores que amplían cuando la cifra no les es suficiente.
 

I. Sociología y economía: Más allá de sus fronteras

Durante las próximas semanas, compartiré una síntesis que realicé para una asignatura de sociología económica. Síntesis que abarca tres apartados, con diversas cuestiones y consideraciones sobre el saber sociológico y económico, la transversalidad de saberes, el examen histórico de la crisis del s. XXI y la estructura de clases en la que emerge. (La bibliografía utilizada quedará plasmada en el último apartado).

ÍNDICE:

I. Sociología y economía: más allá de sus fronteras

Ciencia, saberes y fronteras

Sociología económica: transversalidad de saberes

II. El nacimiento de la crisis del s. XXI

III. Estructura de clases: el mito de la clase media

 


CIENCIA, SABERES Y FRONTERAS

El mundo del pensamiento, en lo que tiene de historia, ha pasado por mil y una formas, ha ido de un lado a otro, se nos dice que en busca del conocimiento. De cierto conocimiento. En cambio, el fondo del conocimiento siempre ha sido una cosa, y no otra: un fenómeno tan accidental como causal, enraizado en su contexto, fruto de la existencia humana, diríase “demasiado humana”. Pero, asimismo, lo “humano” es fruto de una noción de sí más “ajena” que propia, más circunstancial que sustancial; así quedó expresado en el debate Sartre-Strauss sobre el humanismo (Fernández J. F., 2005): el estructuralismo rinde cuentas al “hombre” universal que está manifiesto en el pensamiento sartreano, el cogito del humanismo, reduciéndolo a una categoría que responde a unas condiciones económicas y culturales muy concretas. ¿Qué decir, si no, del moderno concepto de “individuo”, apenas existente en dispares comunidades, concepto abstracto que ha necesitado siglos de gestación? (Kropotkin P., 1997, p. 49-50).

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Heterosexualidad reificada y el poder psiquiátrico

Hay procedimientos, identidades y hábitos cotidianos que, o bien pasan desapercibido al ojo humano, o se instauran como hechos incuestionables o naturales. La sexualidad humana es uno de ellos, la cual más allá de una cuestión biológica o espontánea, se manifiesta dentro y en función de las condiciones socioculturales que la reprimen, obligan, posibilitan o fomentan.

Los sociólogos Luckmann y Berger han dedicado gran parte de sus obras a una teoría del conocimiento de la sociedad que pone énfasis en el constructivismo, su La construcción social de la realidad (1966) rinde cuentas a ello. La tesis principal del libro es la que postula la realidad social como un proceso dialéctico entre la actividad humana y los productos simbólicos y culturales que de ella derivan. La actividad humana termina traduciéndose en una “cultura objetivada”, debido a la reificación del mundo: se configura, así, un universo simbólico y cultural concreto que comienza a interiorizarse como algo suprahumano, “cosa” ajena a la creación humana, la cual condiciona a su vez la actividad humana. A su vez, el hecho fundamental de que la actividad humana es la misma que otorga legitimidad a tal mundo reificado y, por ello, puede también deslegitimarlo, constituye un motivo esencial para la posibilidad del cambio social. En este sentido podemos hablar del proceso por el cual la sexualidad se reifica en la sociedad, qué formas y contenidos adquiere en función de su contexto histórico.

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