¿Necesidad o convención? 1.El castigo

Cuando tratamos el tema del castigo, no es la primera vez que se oye un “si asesinan a un familiar tuyo verías necesario el castigo” o un “alguien que comete tal atrocidad se merece el mayor de los sufrimientos”. Aplicamos el “ojo por ojo” e incluso lo justificamos, cayendo en la espiral del problema y prolongando la existencia de estos actos antisociales. Nos sumergimos en métodos de exclusión social, fortaleciendo el comportamiento antisocial del criminal; perseveramos la existencia de la patología o comportamiento psicopático del sujeto, sometiéndole a la prisión, donde psicológicamente perdura su condición asignada de criminal no rehabilitable.

El problema de todo esto es que, quizás por pura convención, se continúa con estos métodos propios del castigo social y ni si quiera la sociedad llega a plantearse por qué existen actos antisociales, ya que se encuentra totalmente integrada en la estructura social-política preestablecida y arraigada al pensamiento normalizado (en este caso, sobre las cárceles y/o el castigo). Más de uno o una ha afirmado con toda naturalidad la burda visión de Hobbes, “El hombre es un lobo para el hombre”, dando por hecho que el ser humano es malévolo por naturaleza y que por ello se necesita del castigo (respecto a la naturaleza humana, os invito a que leáis este magnífico ensayo: “La naturaleza del ser humano: bondad y maldad.”). Incluso, como reflexión, las acciones inocentes de niños y niñas han sido castigadas a base de violencia física y/o psíquica, cayendo en el bucle que nos condena a estancarnos en el problema, repercutiendo en la mentalidad de estas nuevas generaciones, la cual adopta como solución el castigo. ¿De verdad crees que los actos antisociales son connaturales al ser humano? ¿No serán, por lo contrario, comportamientos como productos de un sistema despótico y antisocial?

Nuestra organización social-política, e incluyo “política” porque, aunque más de uno o una rechace esta, es una tendencia de organización inherente al ser humano (el significado de política lo trataremos en otro artículo), se caracteriza en sistemas basados en el individualismo y competitividad, como en el caso del capitalismo; se caracteriza, además de manera global, en estructuras jerarquizadas o de poder; se asienta en doctrinas moralistas, instituciones religiosas, que confluyen en las confrontaciones entre ellas y la represión del pensamiento libre.

Estos actos antisociales son producto de esta organización social-política, dando lugar a la escasez y la desigualdad. Todo esto da lugar a una lucha de supervivencia, centrando todo nuestro esfuerzo a la individualidad. Esta lucha se define como darwinismo social, haciendo referencia a la concepción de Darwin de “lucha por la existencia” enfocada en la estructura social. Igual que Piotr Kropotkin rechaza y refuta esta concepción de Darwin como base predominante de la evolución, en el ámbito social no me precipito al decir, como él nos daba a entender, que el cooperativismo y el apoyo mutuo es la base de todo desarrollo social. Podemos observar que el individualismo, propio del capitalismo, también se ve reflejado en familias, por ejemplo, y esto nos da a entender que cerramos nuestro colectivismo y cooperativismo a pequeña escala, adentrándose estas en el sistema competitivo de la “macrosociedad” (abarca todo el conjunto social [formado por la diversidad de grupos, como en este ejemplo la familia]). También observamos que la nación, un grupo más amplio, potencia el individualismo del que hablo, es decir, el interés por el beneficio propio.

Menciono estos ejemplos de individualismo ya que este es un factor predominante a la hora de potenciar los actos antisociales. Estos grupos limitados por el sistema preestablecido y, por tanto, restringidos en su evolución y desarrollo social, fomentan la desigualdad y el darwinismo social.

El poder estatal cumple el factor más decisivo en este proceso de afirmación de, en este caso, el castigo. Además, este es el promotor de la organización política actual y causante de la configuración de la conciencia social limitando su expansión. El poder depende necesariamente de la obediencia de la masa social, en cambio, el vulgo no necesita del poder. Sin embargo, el mismo poder es el que refuerza esta idea de necesidad estatal para la organización social y controlar a aquellos o aquellas que cometen actos antisociales, para prolongar su existencia. Sí, has leído bien: “actos antisociales”. Quizás te hayas preguntado: ¿Pero estos actos antisociales no son productos del sistema preestablecido fomentado e implantado por el poder? Así es. Además son capaces de hacernos creer que esto así no es y alimentar la subsistencia estatal con la ciega obediencia social.

Añadiré un ejemplo muy sencillo que nos comenta David Icke que ilustra perfectamente la relación entre poder y obediencia, la limitación de la conciencia social y, sin más rodeos, la organización de nuestra vida:

“¿Pero cuánto del infinito estamos conociendo? ¿El infinito o sólo una fracción? […] La idea es que durante miles de años de manipulación se transforman ciertos aspectos del infinito en una pequeña esfera de conciencia. Una pequeña percepción para controlar su propio destino y cuando se hace eso, se crea la mentalidad del ganado. La mentalidad de ganado puede resumirse en lo que vemos todo el tiempo en una manada de ovejas. Si se mira como las ovejas son controladas en todo el mundo, es así, colocando a las ovejas en una esfera simbólica de modo que no piensen, sino que sigan a la que está adelante. Cuando el granjero llega con el perro pastor, hay cientos de ovejas amontonadas que están pastando y de pronto cuando llega el granjero, una o dos de ellas empieza a caminar. Recíprocamente cientos siguen a la de adelante sin pensar. Algunas de ellas se rebelan y se salen del conjunto de ovejas, mostrando su voluntad a la luz, pero en seguida el perro pastor les atemoriza y retroceden. Se consigue que cientos de ovejas hagan lo que el granjero quiere y, para ello, utilizan la manipulación del miedo.”

David Icke nos habla de una limitación en nuestra conciencia, limitando ese infinito en una pequeña fracción configurada por el poder que guía nuestra voluntad y pensamiento, en este caso el granjero.

Una vez hayamos comprendido como actúa el poder a la hora de establecernos un pensamiento unidireccional y que los actos antisociales son productos del sistema preestablecido, ¿todavía consideras que el castigo es un mal necesario? ¿No es el propio sistema basado en el despotismo lo que hay que arrancar de raíz y no aplicar el acto antisocial al propio acto antisocial?

Para poder abolir la desigualdad y sus respectivos actos antisociales es necesaria la concienciación social, despojarse del pensamiento unidireccional. Por ende, comprendiendo que el poder es el causante de tales atrocidades y desequilibrios, no nos queda otra solución más eficiente que la autogestión social, la intervención social en la política prescindiendo de instituciones estatales o de poder, ya que estas son la raíz del problema.

Para finalizar, concluiré con lo que el gran Kropotkin ya aclaró en su día:

“Cuanto más estudiamos la cuestión, tanto más estamos obligados a afirmar que la sociedad, en si, es responsable de las acciones antisociales cometidas en medio de ella; y que ningún castigo, ninguna cárcel y ningún verdugo puede disminuir el número de tales hechos; solamente puede hacerlo una reorganización de la sociedad misma.”

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