J. Ratzinger, su filosofía de cartón y otras consideraciones

A día de hoy, como también ha ido ocurriendo a lo largo del transcurso histórico, la especie humana se ha saciado con las más enrevesadas y fantasmagóricas concepciones religiosas, con la finalidad de huir de la realidad inmediata, la cual encadena a este insólito animal supuestamente consciente de la existencia (del ser y estar). Sin entrar en ambigüedades, paradojas y otras tantas contradicciones propias del lenguaje, me propongo a comentar uno de los hechos que nos ha conducido a la desintegración de la vida social e individual, es decir, el conflicto entre la obstinación por un mundo mejor más allá de la existencia humana (celestial y esotérico) frente a la construcción de un mundo acorde a nuestras vidas.

No es difícil encontrar infinidad de ejemplos que velen por un mundo mejor más allá de nuestra experiencia inmediata, así pues, la filosofía cristiana de cartón de J. Ratzinger  nos desvela el desinterés por la vida, reduciéndola al ideal de la salvación cristiana, infravalorando y confirmando la estructura sociopolítica que rige el mundo humano que paradójicamente choca con sus cuestiones moral-predicatorias:

“Lo que Jesús había traído, habiendo muerto Él mismo en la cruz, era algo totalmente diverso: el encuentro con el Señor de todos los señores, el encuentro con el Dios vivo y, así, el encuentro con una esperanza más fuerte que los sufrimientos de la esclavitud, y que por ello transformaba desde dentro la vida y el mundo […] los cristianos reconocen que la sociedad actual no es su ideal; ellos pertenecen a una sociedad nueva, hacia la cual están en camino y que es anticipada en su peregrinación”. (Carta encíclica: Spe Salvi).

De esta forma es como el anterior Papa Benedicto XVI se las apaña para justificar el esclavismo del s.XIX con el caso de la africana Josefina Bakhita, que con “nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán”, pero que finalmente tras su encuentro con un esclavista más moderado, ella conoce el Amor de Dios y su libertad espiritual por encima de su sistema de vida: “ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios”.

Partiendo de este ejemplo comprendemos los mecanismos de evasión que el ser humano lleva a cabo para rehusar de su conciencia su miseria y servidumbre y/o la del prójimo. Estas concepciones desvirtúan “lo próximo”, apelan a la salvación espiritual a largo plazo, empedernidos en un mundo de ensueño programado y proclive al aletargamiento existencial, a la pasividad y sumisión al status quo. En vez de crear las condiciones propicias para el desarrollo libre del individuo y, por ende, las de la sociedad, se ha optado por el camino de las presunciones y supersticiones futuras. Nacemos en un mundo que difícilmente comprendemos, asumimos nuestro papel en este sistema social preestablecido y la impotencia e inseguridad que nos proporciona el entorno termina limitando nuestras vidas a la necesidad de una mente ocupada, una impuesta agenda que la embote, una huida hacia la distracción. Hasta tal punto llega la comodidad y conformismo humano, la negación de lo inmediato, el desvanecer de su tiempo en pos de la retroalimentación de un sistema involuntario o forzosamente voluntario, pues ¿dónde hay voluntad cuando no hay opciones?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s