Max Stirner y la Sociedad

 

“La Sociedad quiere, es cierto, que cada uno obtenga su derecho; pero este derecho no es sino aquél que la Sociedad ha sancionado; es el derecho de la Sociedad y no de cada uno”

Hace varios meses que me obstiné en la lectura de El Único y su propiedad (Der Einzige und sein Eigentum), de Max Stirner. Este autor consiguió desmoronar ciertas nociones de mi cosmovisión, tales como mi perspectiva del individualismo y del concepto Sociedad. Por ello, os comparto unas breves reflexiones tras mi lectura.

En cierto grado, la opinión pública tiene asumida nuestra condición social, la necesidad que tenemos unos de otros para subsistir y, además, construir nuestra personalidad, nuestros sentidos de vida. Cierto es que la ideología imperante en los países supuestamente desarrollados predican el individualismo, aunque este choca con la realidad social que convive en la mayoría de sistemas de vidas (basta con señalar la importancia de la familia o las amistades en la infinidad de culturas existentes a día de hoy, inclusive en la occidental). Sin embargo, la concepción más usual que se tiene respecto a la sociedad consiste en el alzamiento de un ideal abstracto por encima del individuo, aunque admito la dificultad que conlleva comprender al individuo sin la sociedad. Debido a ello, para que tales cuestiones se tornen algo más lúcidas, compartiré un fragmento del libro mencionado:

“La palabra Gesellschaft (Sociedad) tiene por etimología la palabra Saal (sala). Cuando en una sala hay varias personas reunidas, esas personas están en sociedad. Están en sociedad, pero no constituyen la sociedad; constituyen, cuando más, una sociedad de salón. En cuanto a las verdaderas relaciones sociales, son independientes de la sociedad; pueden existir o no existir, sin que la naturaleza de lo que se llama sociedad sea alterada. Las relaciones implican reciprocidad, son el comercio (commercium) de los individuos. La sociedad no es más que la ocupación en común de una sala; las estatuas, en una sala de museo, están en sociedad, están agrupadas. Siendo tal la significación natural de la palabra sociedad, se sigue de aquí que la sociedad no es la obra de Ti o de Mí, sino de un tercero; ese tercero es el que hace de nosotros compañeros y es el verdadero fundador, el creador de la sociedad”.

Max Stirner lleva a cabo una diferenciación entre Sociedad y asociación. Como en el anterior fragmento detalla, la Sociedad consiste en una conceptualización por una tercera persona o fuerza que impone un conjunto uniforme de individuos conexos. Sin embargo, la asociación trata de vincular individuos, crea relaciones sociales en constante cambio y no se estanca en un ideal fijo y sagrado. La Sociedad solo se puede sustentar por un poder ajeno al nuestro, un poder constructor de derechos universales y no concretos y específicos: “Nuestras sociedades y nuestros Estados existen, sin que otros los hagamos, pueden aliarse sin que haya alianza entre nosotros; están predestinados y tienen una existencia propia, independiente; frente a Vosotros, los egoístas, son el estado de cosas existente e indisoluble”. La noción estática que tenemos del mundo, basada en el autoritarismo, en la existencia del Poder por encima de nuestras relaciones y nuestra unicidad vital, nos conlleva a creer inconscientemente en el Estado, la Nación, Patria, Rey, etc. Pero, sin ir más lejos, también nos hace creer en la Sociedad como ente alzado, hasta el punto en el que ciertos movimientos siguen perpetuando la religiosidad, la creencia en el sacrosanto derecho de una Sociedad a penas existente.

En la medida en que el derecho de la Sociedad se acepta y es sublimada (se apodera del pensamiento público), el derecho del individuo (aquel que él crea y cree convincentemente en ello por infinidad de influencias) se ve inútil e inservible. Un ejemplo claro respecto a esta opresión en el individuo, sería la opinión general en una sociedad establecida como la actual, la cual da por sentado la existencia de un género binario (hombre o mujer) frente a cualquier otra determinación individual, siendo esta última negada y desprestigiada. Por ello, paralelamente, Stirner nos habla de la unicidad del individuo o del “Egoísta”  y sugiere una asociación de egoístas, ante cualquier ideal u organismo que se apodere de su Yo. Sin embargo, considero ambigua la concepción que tiene del Yo y la propiedad de este, pero eso lo trataremos en otra ocasión (tampoco Stirner pretende convencer a nadie, ni siquiera estar en lo cierto).

En síntesis, Stirner suscita la posibilidad de crear relaciones de libre asociación, rehusando todo ideal y organismo que imponga un derecho sagrado por encima del individuo -en la medida de lo posible, ya que el impropio existir es impositivo-. Esto implica la vinculación dinámica entre individuos y sus sistemas de vida, al igual que el rechazo de tales relaciones. Sin duda alguna, se trata de una respuesta contra el orden lógico de nuestros tiempos, una lucha contra quienes crean y quienes sumisos aceptan el funcionamiento de una sociedad universal y necesaria, sociedad que arrastra a los criminales que se envalentonan en reapropiarse de las vidas y del tiempo que les robaron.

“Los ídolos no existen más que por Mí; basta que deje de crearlos, para que desaparezcan: no hay poderes superiores, sino porque yo los elevo y me pongo debajo de ellos”


Bibliografía:

Stirner, Max (1844). El único y su propiedad. Disponible en: http://www.fondation-besnard.org/IMG/pdf/stirner_el_unico_y_su_propiedad_de_utopia_libertaria.pdf

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2 comentarios en “Max Stirner y la Sociedad”

  1. Buen artículo, Cantó! Aquí van mis objeciones, pues ya te dije que me quedé con ganas de dar mi opinión al respecto ^^

    En primer lugar, la temática del artículo y de la obra de Stirner se podría encuadrar en el contexto de ruptura que se produce tras la obra de Kant en cuanto a las posibilidades de actuar conforme a una máxima individual y una máxima social compatibles entre sí, que permitan el cumplimiento del ideal ilustrado del “ciudadano mayor de edad” (en sentido kantiano, por supuesto).

    En mi opinión, y razón por la cual considero a Marx el último ilustrado, el socialismo trataría de cumplir esta aspiración, independientemente de los desarrollos prácticos y teóricos de esta doctrina. Por contra, el anarquismo caminaría en sentido contrario, y, como es sabido, bebe de las ideas de Max Stirner.

    Para ir de frente, me posicionaré a favor de la corriente ilustrada-socialista, y, citando a Fichte, creo acertado que “el hombre solo es hombre entre los hombres”, por lo que aquello de que “la opinión pública tiene asumida nuestra condición social” no es per se negativo: el hombre media con los demás hombres y con el medio que lo rodea mediante el lenguaje, la utilización de símbolos y el trabajo (idea que defendería Hegel en su período de Jena, pero que abandonaría en la Fenomenología del Espíritu), y, de este modo, da forma a su entorno y a sí mismo. El problema tal vez sería las formas alienadas que toman el lenguaje, la comunicación y el trabajo, que lejos de ser las herramientas ontológicas de las que se sirve el hombre para lo anteriormente dicho, contribuyen a crear ese “ídolo” que es la sociedad actualmente, opuesta a los intereses del hombre, hostil hacia él mismo.

    De esta manera, se crea el concepto de Sociedad, pernicioso para la existencia del hombre, traba para su libertad y objeto de crítica para marxistas, anarquistas y por supuesto para Stirner.

    No obstante, la idea de Sociedad ilustrada –regida y mediada por el Derecho-, es muy interesante: para Montesquieu, el sentido de las leyes que rigen la sociedad sería el de un cuerpo normativo que se sobrepone al conjunto de los individuos (precisamente un “alzamiento de un ideal abstracto por encima del individuo”) para evitar que sean los individuos los que se gobiernen los unos a los otros, abriendo la posibilidad siempre presente del despotismo. Ese cuerpo normativo debería ser la obra de ciudadanos libres; unas leyes dadas a los hombres por sí mismos, de forma democrática. Pero aquí es cuando llega Marx para dar una mala noticia a la Ilustración: bajo el modo de producción capitalista, el hombre no goza de independencia material; el hombre es susceptible de quedar ligado a la voluntad de otro hombre y pasar de ser sujeto a ser objeto y con ello perder su condición de ciudadanía para ser convertido en proletario, ergo la democracia, que presupone como condición material la igualdad no solo formal del conjunto de los individuos, queda menoscabada por la organización social propia del capitalismo.

    La Sociedad, pues, queda viciada por la organización económica-social del capitalismo y sus formas alienadas del lenguaje, la comunicación y el trabajo, herramientas con las que el hombre media con otros hombres y con el medio que lo rodea. No obstante

    “Este comunismo es […] la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución”. (Manuscritos económico-filosóficos, pág. 114)

    En definitiva, creo fervientemente que el hombre es un ser social que necesita convivir en sociedad, y que pese a que la sociedad se imponga hostil ante nosotros se trata de una forma reificada y potencialmente susceptible de ser transformada.

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  2. Gracias por aportar tus objeciones, Javi! Así el lector puede disfrutar de distintos puntos de vista y, además, enriquecernos los unos a los otros.

    En primera instancia, para no caer en desconocimientos sobre la obra de Stirner, aclarar que, a pesar de que este vea la posibilidad de “asociaciones de egoístas”, no pretende desentrañar ningún ideal de sociedad para generar un cambio necesario, es decir, un “mundo nuevo” (contrario a Marx y su predisposición por una transformación social). Por ello, se trata de una perspectiva “fielmente” individualista y desinteresada: “Haced de ellas (refiriéndose a sus ideas) lo que queráis, haced lo que podáis, eso es asunto Vuestro y por ello no me preocupo […] Si yo me tomase a pecho vuestro bienestar, imitaría a la Iglesia que prohíbe a los legos la lectura de la Biblia, o a los gobiernos cristianos, que hacen un deber sagrado de defender al hombre del pueblo contra los malos libros”.

    En su día, encontré en el ensayo kantiano sobre la Ilustración una buena forma de liberación individual y social. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que se trataba de un doble pensar algo antagónico, el cual ha ido expandiéndose en infinidad de propuestas sociopolíticas (meras reformas o cambios parciales de la sociedad, sustentados por un Poder concentrado y no disuelto): liberación sí, pero bajo una estructura prediseñada que imponga -recalco el verbo imponer- el orden lógico y natural de una sociedad (libre). ¿Cómo pretenderíamos generar un cambio social sin partir de una imposición individual o puramente grupal (alejados de un cambio autoritario, un cambio de Poder)? Necesariamente el cambio parte del individuo (con una posterior asociación), siendo este fruto de la sociedad (relaciones sociales), y viceversa. De hecho, respecto a tu comentario, no he supuesto ninguna negatividad a nuestra condición social, es aquella que ha conseguido perpetuar a la especie (aunque en ese sentido me puede parecer negativo :D) a través del “apoyo mutuo” del que nos habla Piotr Kropotkin.

    Para afrontar la pregunta planteada anteriormente, las perspectivas anarquistas son proclives a la libre asociación y es por ello que he querido aportar las consideraciones de Max Stirner respecto a este tema, ya que, partiendo de la cita de Fichte que has mencionado -así como la análoga concepción sobre la condición social humana que tienen Stirner, Kropotkin, Rudolf Rocker, Marx, etc.-, encuentro pertinente la toma de control, la reapropiación del tiempo, de nuestras vidas mediante la constante asociación (y disociación) entre personas que comparten distintas motivaciones o intereses (individuales y/o grupales) en su convivencia.

    Coincido en tus consideraciones respecto al origen de la perniciosa Sociedad de la cual hablábamos, pues sí parte de la estructura socioeconómica que se ha impuesto, como bien dices, bajo la carcajada de grandes multinacionales y entidades financieras,invadiendo el pensamiento general para su legitimación y universalidad ideológica. Pero, incluiría además una crítica al aspecto normativo que se sobrepone a los individuos, promulgada por cualquier organismo o institución que trate de aglutinar incondicionalmente a personas sin intención asociativa (la implantación de una Sociedad absoluta, sin considerar la voluntad adquirida y cambiante de los individuos). Es por ello que el anarquismo hace hincapié en la abolición del Estado y cualquier institución política que determine los patrones y normas de vida a seguir.

    Por último, no sé si he entendido mal cuando has mencionado que “el anarquismo caminaría en sentido contrario (al socialismo)”,pero si te refieres a que la filosofía libertaria difiere del socialismo, no es del todo cierto. Propuestas como la anarcocomunista de Kropotkin, destacan la igualdad de oportunidades bajo la premisa “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”, en una comunidad de personas conformada por la libre asociación y por una intervención política horizontal. Al fin y al cabo, la finalidad es idéntica a la que sugiere el marxismo (el comunismo), pero con distintas formas de llegar a ella.

    En resumidas cuentas, creo que ambos coincidimos en la capacidad que el ser humano tiene para transformar sus condiciones de vida para su bienestar, mediante la organización o asociación de individuos, mientras que es el propio sistema capitalista y la democracia moderna la que se mantiene alerta para perpetuar el status quo, mitigar y condenar cualquier revolución incipiente que trate de contestarle. Cito a Rudolf Rocker en su obra Nacionalismo y cultura:

    “Puede aceptar las condiciones sociales en que vive como el mandamiento de una voluntad divina o considerarlas como resultado de leyes inmutables ajenas a su voluntad. En este caso la creencia paralizará su voluntad y le llevará a admitir con gusto las condiciones reinantes. Pero puede también convencerse de que toda la vida social posee sólo un valor condicionado y puede ser modificada por la mano humana y por el espíritu del hombre. En este caso intentará suplantar por otras las condiciones en que vive y abrir el camino, mediante su acción, a una nueva conformación de la vida social”.

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