La superficialidad en las resoluciones sociales

Estas últimas semanas han surgido ciertos debates en la asignatura de Teoría de la Población a la que asisto respecto a las perspectivas de algunos autores como Massimo Livi Bacci y Reiner Klingholz. He considerado útil compartir con vosotros mi honesto punto de vista, ya que opino que una gran mayoría de las investigaciones sociales pecan de una superficialidad candente en sus resoluciones. Quiero haceros constar que, por desgracia, todavía no he podido profundizar en estos autores, mi opinión deriva de dos entrevistas y, por tanto, no es pertinente ni correcto sobreestigmatizar sus ideas. Las entrevistas son las siguientes: a Massimo Livi Bacci y a Reiner Klingholz.

MASSIMO LIVI BACCI, INMIGRACIÓN Y SOBREPOBLACIÓN

Considero que Massimo Livi Bacci está en lo cierto, no se han aportado respuestas contundentes sobre cuestiones demográficas, tales como las migraciones que tienen lugar en nuestros tiempos, manteniéndose la prensa y las políticas internacionales como un cúmulo de propaganda y banalidad superflua. Así como los medios de comunicación -o quizás cabe dirigirnos a los magnates financieros que la administran- y las instituciones políticas europeas eluden los problemas demográficos, también la Demografía puede caer en la tentativa de despreciar posibles causas principales de las migraciones, fruto de la estructura socioeconómica vigente. Esta tentativa rige el mundo y podría continuar rigiendo de tal forma, mientras la acción política esté centrada en responsabilizar a impersonales instituciones, encargadas de parchear un globo a punto de estallar.

La perspectiva que muestra este reconocido demógrafo, a mi reducido parecer (necesitaría indagar en sus trabajos antes de afirmar consecuentemente), se limita a meras actuaciones momentáneas de situaciones irresolubles en un ínfimo periodo de tiempo, como el caso de los refugiados provenientes de países devastados por las actuaciones occidentales. Cierto es que se deben incentivar políticas que acojan dichas inmigraciones, pero reducirlo a eso, es sostener una estructura supeditada al control militar, político y económico de las grandes potencias occidentales. El hecho de la rápida evolución de la inmigración en la sociedad de la que nos habla Massimo y la búsqueda de mejora económica o supervivencia del emigrante, no debería detenernos en proponer planes de coordinación migratoria a las mismas instituciones que han conllevado a tales migraciones, bien sea mediante sus políticas exteriores o por la perpetuación de un sistema económico y financiero basado en la acumulación de capital, pérdida de soberanía (política y económica) y apología militar.

Por otro lado, respecto a la visión medioambiental del entrevistado, la abusiva urbanización del mundo es un problema con repercusiones demográficas, como bien apunta. Aunque, por mi parte, matizaría más en el meollo del asunto ecológico, dando relevancia en la actualidad al modelo agroalimentario propenso al desperdicio de nutrientes (véase Alimentos desperdiciados de Xavier Montagut y Jordi Gascón), la sobreproducción proclive al colapso ecológico (pérdida de biocapacidad en el planeta) y las perniciosas motivaciones de una sociedad de consumo. Todo ello repercute, de una manera u otra, a los procesos migratorios, sobre todo inmigraciones en las sociedades opulentas que promueven el paraiso de la urbanización y la tecnología, desentendidos de la salud de la propia naturaleza de la que llevamos nutriéndonos y en la cual habitamos desde hace varios milenios.

En síntesis, coincido en la proposición y consideración de Massimo Livi Bacci para plantear cuestiones demográficas en las actuaciones políticas, así como desarrollar proyectos o planes que gestionen las migraciones. Sin embargo, si se tiene en cuenta tales problemas, deberíanse también tener en cuenta las raíces y condiciones que han propiciado estas situaciones demográficas, pues, como bien sabemos, no se tratan de meras decisiones personales de emigración, sino decisiones motivadas por causas estructurales. Si los planteamientos no se deparan en observar la estructura socioeconómica, es muy posible que continuemos con proyectos cortoplacistas o reformas sin soluciones sustanciales.

REINER KLINGHOLZ Y OTRAS CONSIDERACIONES

El demógrafo Reiner Klingholz, ante el contexto poblacional europeo actual, puede concluir que “la vida laboral ha de prolongarse y Europa ha de invertir mucho en educación”. En la entrevista que le realizan en Redes, programa presentado por Eduard Punset, poco a poco se va mostrando ese pensamiento reformista tan anclado en los propósitos de la socialdemocracia, a fin de cuentas, no busca ninguna resolución al problema, sino una adaptación al sistema de vida implantado por el Estado y la economía capitalista mediante la tendencia a ajustar una sociedad a un modelo idílico y programado, quizás rigurosamente planificado.

Las planificaciones deseadas bajo el Estado de Bienestar están arraigadas a los procesos pertinentes de los poderes fácticos, de este modo no prima la necesidad del bienestar de los miembros de una sociedad determinada, sino que el objetivo primordial consiste en mantener el orden actual vigente, asegurar la consistencia del poder elitista que constituyen grandes multinacionales y los Estados. Que el bienestar en cierto grado se asegure, bajo infinidad de disfraces variopintos (pensiones, jubilación, sanidad, educación…), implica en el sistema actual un ajuste en su planificación: si reducimos las condiciones laborales pésimas de un país, será a costa de otros países donde abusemos de mano de obra barata, de situaciones socioeconómicas desfavorables. Esta es la lógica del sistema.

Reiner, ante este desequilibrio entre tasa de natalidad baja y aumento de la esperanza de vida, conllevando al auge de una población envejecida, propone la mejora en la mayor inversión en educación para formar trabajadores competentes en el mercado laboral y un retraso en la jubilación para mantener unas pensiones elevadas que aseguren condiciones de bienestar propicias. Sin embargo, estas ideas no son propias únicamente de este demógrafo, son muchos científicos sociales que terminan concluyendo bajo el orden idealizado y forzosamente impuesto, el orden compuesto por las directrices marcadas por: el Estado, Sociedad y mercado capitalista.

Cuando hablamos de sociedad, cabe señalar una diferenciación que en su día planteé a raíz de la filosofía stirneriana: la Sociedad consiste en una conceptualización por una tercera persona o fuerza que impone un conjunto uniforme de individuos conexos. Sin embargo, la asociación trata de vincular individuos, crea relaciones sociales en constante cambio y no se estanca en un ideal fijo y sagrado. La Sociedad solo se puede sustentar por un poder ajeno al nuestro, un poder constructor de derechos universales y no concretos y específicos. “Nuestras sociedades y nuestros Estados existen, sin que otros los hagamos, pueden aliarse sin que haya alianza entre nosotros; están predestinados y tienen una existencia propia, independiente; frente a Vosotros, los egoístas, son el estado de cosas existente e indisoluble” (Max Stirner, 1974).

Este conglomerado de individuos, esta masa poblacional unida por pactos y firmas entre relaciones de poder jerárquicas, es reafirmado como Sociedad por parte del Estado, no de los individuos bajo libres asociaciones. El ente impersonal estatista se transmuta en una imagen deíctica y benevolente, aquel que todo ciudadano civil debe guardar pleitesía. Muchos son quienes buscan resoluciones sociales sin prestar atención al hecho autoritario y forzado que supone creer en una estructura social, económica y política como la actual, la cual obliga -directa o indirectamente- a seguir una única dirección vital. Productividad y competencia se anteponen al libre desarrollo entre individuos, pues el Estado y su sistema económico, mediante sus mecanismos socializadores (escuelas, medios de comunicación…), solo permiten su Ley, su Derecho, sus mandamientos…

En conclusión, mientras esta idiosincrasia prevalezca, continuaremos pensando en torno al capital, el trabajo asalariado, una educación (meramente competitiva, en última instancia) y sanidad (por y para el bien de las grandes farmacéuticas) estéril. En este contexto, las proposiciones reformistas son aprobadas, pues, revistiendo el bien social bajo un velo de aparente cambio y manteniendo la base estructural imperante en su sitio, las instituciones socializadoras se verán acomodadas en su esquema ideológico. Este es el sentido lógico del sistema y que muchos investigadores sociales, como Reiner Klingholz, apoyan.

Adjunto un fragmento de Erich Fromm en El miedo a la libertad que revela los procesos psicosociales que implican ser una pieza más en este engranaje sistémico, exentos de soberanía en nuestras vidas, nuestras relaciones sociales o colectivas:

Tan sólo si el hombre logra dominar la sociedad y subordinar el mecanismo económico a los propósitos de la felicidad humana, si llega a participar activamente en el proceso social, podrá superar aquello que hoy lo arrastra hacia la desesperación: su soledad y su sentimiento de impotencia. Actualmente el hombre no sufre tanto por la pobreza como por el hecho de haberse vuelto un engranaje dentro de una máquina inmensa, de haberse transformado en un autómata, de haber vaciado su vida y haberle hecho perder todo su sentido. (p.302).

BIBLIOGRAFÍA

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