Sobre Cataluña: Estados al servicio del capital

La represión policial llevada a cabo en Barcelona (1 de Octubre) es el reflejo último de los intereses empresariales que se forjan desde la cúspide del poder económico, canalizados en el Estado y partidos políticos.

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Encontramos dos partes, en el caso de las empresas: aquellas empresas catalanas que ven en la independencia una oportunidad para desprenderse del lastre que les genera el Estado español, las desventajas fiscales que le suponen pese a ser una comunidad de gran envergadura industrial y económica.

Resulta revelador, para entender la tensión que se ha generado a nivel político que no es más que el reflejo de un conflicto entre capitalistas, el informe que emitió el Cercle Catalá de Negocis, asociación de empresarios catalanes. Algunas de las ventajas podéis encontrarlas aquí resumidas.

Entre ellas: muchas de las empresas podrían bajar el coste de producción reduciendo el coste energético y se está absorbiendo un porcentaje importante del PIB catalán, es decir, con la secesión podrían reducir sus impuestos. (Seguramente existan muchos más puntos relevantes, pero por ahora estos me han parecido clave de este informe).

La otra parte es la de los capitalistas españoles (con las correspondientes relaciones dentro de la Unión Europea). Admito que esto requiere un análisis profundo que no tiene cabida aquí. En suma, estos se ven bajo el peligro de desestabilizarse económicamente y la posible pérdida de hegemonía si no se adoptan medidas severas, cómo no, que terminarán recayendo sobre la población principalmente (las grandes empresas tienen los mecanismos necesarios para salir aireosos). (Aquí).

Estamos, pues, ante un conflicto entre la clase capitalista, quienes ostentan el poder económico y humano (al fin y al cabo, poseen al ser humano, su tiempo y fuerza de trabajo, su vida, como mercancía).

El problema: la población, la opinión pública en general, interioriza el discurso de la autodeterminación (necesaria y legítima sin duda), o bien la del nacionalismo español (siempre bajo el lema de: unidad de España, visto desde la superficialidad, o la libre decisión política de la independencia). ¿Qué autodeterminación? Si esta va de la mano de la legitimidad de un Estado que consecuentemente es el reflejo del poder económico de empresarios que velan por sus intereses individuales: ¿Dónde está la autodeterminación de los trabajadores? ¿Dónde está la libre asociación en torno a puntos en común consensuados desde abajo? La cuestión de la independencia, del separatismo, viene tejida desde arriba, tras las frustraciones empresariales que tienen sed de acumular capital, escindiéndose lo máximo de obstáculos.

Se interioriza un discurso, el del nacionalismo español o catalán, que realmente nos es ajeno en sustancia. No se traza realmente desde unos intereses que nos sean propios, erigidos desde nuestras relaciones horizontales; sino que se traza desde arriba bajo otros intereses bien distintos a la dimensión cultural: el trasfondo es económico, nuestra economía nos es ajena y no tenemos control directo sobre su funcionamiento (nosotros somos el engranaje) y nuestras decisiones políticas, influidas por los medios de comunicación de masas (adivina al servicio de quiénes están estas), son, al fin y al cabo, el reflejo último de la voluntad de la clase capitalista.

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