Sociópolis. Una radio con visión sociológica

El pasado lunes 23 de Octubre se inauguró el primer programa piloto de radio de Sociópolis, un reciente programa que organizamos un grupo de compañeros universitarios, ambientado en distintas temáticas y asuntos relacionados con la Sociología. Comparto con vosotros el programa piloto y el guión que escribí sobre las distintas preguntas que se plantearon, ya que no se pudieron abordar, en tan poco tiempo, todos los puntos que me hubieran gustado desarrollar y abrir al debate.

 

 

SOCIÓPOLIS: ¿QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA?

  • ¿Qué es la sociología?

La mayor de las veces que preguntamos a cualquier persona a pie de calle, por mi experiencia, sobre qué es la sociología o bien no tienen la menor idea o tienen la ligera idea de que se trata del “estudio de la sociedad”, y esta respuesta se da en el mejor de los casos. Quizás no sería justo desacreditar esta respuesta, pues a grandes rasgos tiene razón y, como lo ha sido la filosofía, no consiste más que en esencia la comprensión de la realidad, las cuestiones que esta plantea y la producción de resoluciones teóricas y prácticas.

El leitmotiv de la sociología en concreto es la comprensión de la realidad social y con lo que ello conlleva, la capacidad de abarcar los distintos aspectos que caracterizan a la vida en sociedad: los aspectos económicos y materiales, la cultura y las organizaciones políticas, la historia en su conjunto, antropología, psicología, biología, etc. Hablamos, pues, de un estudio multidisciplinar.

La sociología comienza a ser bautizada como tal con Auguste Comte a principios del s. XIX, sin embargo, esta disciplina propia de las ciencias sociales no es novedad en contenido. La historia de la filosofía y el pensamiento recoge esta tendencia histórica ya siglos atrás en el ser humano a contemplar y reflexionar sobre la sociedad, tratar de comprender su funcionamiento. No obstante, en el siglo de las luces trazó un camino particular en las ciencias, la ciencia se especializó y quedo dividida en distintas ramas (dos grandes grupos: ciencias naturales y sociales).

La sociología quizás haya sido de las ciencias que más amplitud ha otorgado al estudioso, mayor apertura para examinar multitud de variables irreductibles e interrelacionadas. Su carácter multiparadigmático le permite no reducir la realidad que ha de ser comprendida no solo bajo un aspecto o variable.

  • ¿La sociología como ciencia?

A la hora de hablar de ciencia la imagen que se nos viene a la cabeza, al menos desde la superficialidad, es que consiste en aquellos métodos y teorías casi exactas, que consiguen recoger la realidad en su máximo esplendor. Idea sin duda, como plantearé a continuación, muy ligada a la institucionalización de la ciencia estos últimos siglos. Yo, en cambio, como muchos de los que estamos aquí inmersos en las ciencias sociales, que trabajamos con esta disciplina, la solemos comprender en su sentido más etimológico: es decir, conocimiento. La ciencia como aquella compilación de métodos y paradigmas que generan un conocimiento, producen explicaciones, si se quiere, racionales de la realidad que nos es común. Conocimiento del que, al fin y al cabo, somos sujetos, del cual estamos limitados y condicionados y que, por ello, podemos llegar a inducirlo de una u otra manera desde nuestra experiencia.

En cambio, aquí quiero puntualizar con unos matices que, creo, son harto relevantes:

Defenderé la tesis presente en el pensamiento de Michel Foucault, no planteado especialmente por él. También Mills y muchos otros hacen unas consideraciones similares en otros términos. La tesis es la siguiente: desde la sociología, o a partir de cualquier ciencia obstinada por el conocimiento y su autocrítica, creo que debe dejar a un lado aquellas teorías y producciones de saberes centralizadores. Foucault parte de Nietzsche y su Genealogía de la moral para explicar que el conocimiento es la expresión misma del poder y, como se ha visto, desde el s. XVII, la ciencia, o si se quiere lo que se autoproclama como ciencia, se ha entronizado y ha tendido desde distintos ámbitos a centralizar el saber, monopolizar las formas de conocimiento. Esto, sin duda, asfixia la ciencia y la convierte en institución de poder, en un poder al servicio de una clase, élite o institución, si nos ceñimos a nuestro contexto histórico.

Se trata “de la insurrección de los saberes no tanto contra los contenidos, los métodos o los conceptos de una ciencia sino y sobre todo contra los efectos del saber centralizador” (Foucault, Curso del 7 de enero de 1976).

Esto es fácil de visualizar si nos planteamos lo siguiente: ¿Qué es la tecnología y ciencia a su servicio en nuestro días, si no un conocimiento destinado a la conquista de mercados, el dominio del capital sobre la masa trabajadora y, en fin, el instrumento de la clase capitalista? Al respecto Manuel Castells tiene en su libro La galaxia de internet unas apreciaciones muy interesantes sobre la economía capitalista y la adecuación de sus fines de acumulación de riqueza vía las nuevas tecnologías de internet. De ahí a que no sea extraño la capacidad del poder económico de grandes empresas con el uso de este tipo de tecnologías: 737 multinacionales, de las cuales el 75% son entidades financieras, controlan el 80% de unas 43.000 empresas en la economía global, formando así una red empresarial controlada por una oligarquía (S. Vitali, J.B. Glattfelder y S. Battiston; “The network of global corporate control”, 2011).

Hay muchos más asuntos para objeto de estudio que funcionan como autoridad del saber, como saberes centralizados: entre ellos la medicina moderna, al servicio de la industria farmacéutica y una teoría irrefutable y dogmatizada, sin duda cuestionable (la teoría de la infección, como cuestionaría el biólogo Máximo Sandín).

Otro punto respecto a la ciencia que nos conduciría a entenderla como tal, como forma de conocimiento podría entenderse con una premisa de Emil Cioran, escindidos del dogma que anda arrastrándose desde el mismo Platón y antecesores, donde quien tiene el conocimiento absoluto, una ciencia sin duda mística y divinizada, tiene la derecho a gobernar y detentar el poder sobre quienes no cubren ese supueso vacío (el filósofo-gobernante). Dice así:

Tras haber sustituido sus mitos (los de nuestros antepasados) y sus símbolos por conceptos, nos creemos más «avanzados»; pero esos mitos y esos símbolos no expresan menos que nuestros conceptos. […] Prosigue el amor sin Venus, la guerra sin Marte, y, si los dioses no intervienen ya en los acontecimientos, no por ello tales acontecimientos son más explicables ni menos desconcertantes: solamente, una retahíla de fórmulas reemplaza la pompa de las antiguas leyendas, sin que por ello las constantes de la vida humana se encuentren modificadas, pues la ciencia no las capta más íntimamente que los relatos poéticos” (Breviario de podredumbre, 1949).

  • Al respecto de las ciencias naturales y sociales. Cambios de enfoque y alcance en las ciencias sociales: teorías sólidas y líquidas

Este tema ha sido constantemente tratado, pero parece que siguen reproduciéndose los mismos esquemas. Si la sociología ya en sus inicios ya presentaba esa tendencia a generar grandes teorías, con predecibles causalidades y leyes universales, a día de hoy es normal que ocurra todo lo contrario. Creo yo que el conocimiento se ha ido adecuando a sus circunstancias históricas, esa premisa que está tan presente en el materialismo histórico de Marx y que complementaría además con las condiciones culturales o espirituales como factor clave en la trayectoria de la historia, como hacía Weber y Foucault, cada uno a su modo. No es de extrañar, pues, que en una época donde la ciencia adquirió una estructura rígida, cerrada y funcional en esencia, movida por la idea de evolución y progreso; ahora emerjan teorías más abiertas y heterogéneas, donde la causalidad y las leyes universales no tienen el peso que tuvieron. ¿Podríamos sostener que este salto en la forma de producir teoría sociológica es la consecuencia directa, al fin y al cabo, de este cambio de época? Época donde reina el cortoplacismo y el capital financiero, un vasto mercado de las identidades, la pérdida de importancia simbólica de los grandes Estados e Imperios y la allegada era de la globalización de la mano de las nuevas tecnologías de la información.

Si Nietzsche, como ya lo anunció anteriormente Hegel, proclamaba la muerte de Dios, la incapacidad que tiene la religión judeocristiana y la filosofía platónica de la que bebe para dar sentido a la moral y al funcionamiento de la sociedad. Si este Dios se convirtió más adelante en la Razón de la Ilustración europea y, ahora, la Razón ha perdido el peso que se le había otorgado. ¿Podríamos hablar de una época tan ambigua, sin una lógica sólida que seguir (líquida, como diría Bauman), que ha originado un conocimiento heterogéneo y parcial? Lo que Foucault proponía es lo que ocurría en su época: las producciones teóricas se tornaban locales, parciales; dejaban a un lado las grandes teorías, lo totalizador, lo sólido.

  • La objetividad en las ciencias sociales

La objetividad no deja de ser la realidad que nos es común, ya sea en las ciencias sociales o naturales. La división de ambas disciplinas las veo coherentes en tanto en cuanto a la diferenciación de sus objetos de estudio; sin embargo, tanto la una como la otra son complementarias. ¿Acaso la enfermedad o la salud no son conceptos socialmente definidos y aceptados? Esa enfermedad es objeto común en nuestro estudio, es decir cumple su objetividad, se da como hecho real, pero el concepto varía según el enfoque: la medicina alopática la categoriza en mayor medida como provocada por un microbio, un agente extraño que ataca el cuerpo; la teoría pleomórfica de Antonie Béchamp la entiende como un desequilibrio del organismo tras la intoxicación del cuerpo, por infinidad de factores. En estos dos planteamientos emerge la subjetividad, las distintas formas de interpretar, que puede estar más o menos acertada, ser más o menos consecuente con la realidad común estudiada.

La sociología ha de ser objetiva, pero siempre lo es desde un grado de subjetividad evidentemente, pues lo uno no es sin lo otro. El problema se origina cuando esta subjetividad trata de trascender en demasía de la realidad que le es objetiva y se contrapone a la misma. La dificultad de la sociología es que el propio estudioso es sujeto y objeto de estudio y, como tal, ha de analizar la realidad que al mismo tiempo le condiciona. Sin embargo, no sé hasta qué punto las ciencias naturales pueden hacer frente a su subjetividad, sería absurdo eliminarla, pues sus postulados son productos de una socializada concepción del mundo, la propia realidad y conocimiento. Más que dificultades es la base que nos es común tanto a unos como a otros, desde donde partimos; la discusión entre objetividad/subjetividad creo yo que queda superada con la comprensión de esta connatural interdependencia.

  • ¿Para qué sirve? Su función en los tiempos que corren

¿Para qué, pues, nos sirve esta ciencia que es la sociología? Como cualquier ciencia para comprender la realidad dentro de sus/nuestros límites. Como mencionaba nuestro presentador Javi, para derribar los muros que siempre han estado ahí, cuestionar lo que se torna evidente y cotidiano, descubrir qué hay oculto detrás de cada verdad, hecho y consecuencia social. Esto ya nos lo planteaba Zygmunt Bauman: la sociología como revelación de posibilidades, de lo que queda oculto en nuestra vida en sociedad, la realidad cognoscible que encierra (Modernidad líquida).

Ante esto siempre encontramos dos tendencias o actitudes: una sociología que no se involucra en el cambio social y otra inmersa en la acción social, en la revelación y resolución de problemas: en la liberación de la creación de nuevos significado. Sin duda, opto por la segunda, donde el simple echo de revelar el problema y generar las preguntas precisas ya implican, de primeras, una puesta en tela de juicio del orden social imperante y sus inconvenientes. Y por otra, la tarea de la sociología de no convertirse en la reproducción del orden de cosas existentes, no funcionar como mera herramienta teórica bajo este servicio, sino atribuirle la visión crítica y su correspondiente creatividad: por un conocimiento para la práctica, individual y colectiva, y no el mero conocimiento del ritual, de lo establecido, de la determinación estructural (que funcionaría a modo de ideología de reproducción cultural, de sumisión a un destino ya trazado e interiorizado como tal).

¿Porque de qué nos sirve teorizar, describir las condiciones sociales en las que estamos inmersos si no es para valorar qué, por qué y cómo cambiar ciertos aspectos que le corresponden? La definición de unas nuevas posibilidades, una nueva suerte y no destino. Como decía John Zerzan, sin atenernos a sus interesantísimas tesis sobre la prehistoria y la domesticación del ser humano, en esencia decía:

Sería imposible e incluso indeseable ‘definir’ un mundo no alienado, pero creo que podemos y debemos intentar descubrir el falso mundo de hoy y cómo llegamos hasta aquí” (Futuro primitivo, 1994).

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