De la sencillez en vida a la hecatombe civilizada

Seducidos por el demonio de lo Inédito olvidamos demasiado pronto que somos los epígonos del primer pitecántropo que se puso a reflexionar.

– Emil Cioran (1949): Breviario de podredumbre.

Nos sorprendemos con muchas de las posturas e ideas que se nos anteponen a la mente, bien sean influidas tras escuchar o leer a cierta persona y autor, o por una especie de intuición imbuida por nuestras vivencias. A fin de cuentas, generalmente dotamos a estas innovaciones del pensamiento de una originalidad ignota. Sin embargo, andamos siglos, en todo caso milenios, trabajando las mismas cuestiones bajo distintos aspectos y circunstancias: lo que Cioran denomina, lo único que varía en nuestro conocimiento del mundo, como “el decorado del saber”.

El caso de la teoría que plantea Ferdinand Tönnies a finales del s. XIX sobre la comunidad (Gemeinschaft) y la sociedad (Gesellschaft), ya quedaba plasmada, en cierta medida, bajo circunstancias análogas, en Ibn Jaldún a mediados del siglo XIV, sobre la tendencia a la urbanización y el cambio de paradigma en las relaciones sociales que trae consigo tal fenómeno.

Ibn Jaldún en su Al-Muqaddima (1377) concibe las tranformaciones sociales que se dan en la vida rural (vida nómada): comienza a originarse la urbanización, las civilizaciones se asientan en ciudades adoptando unos estilos de vida y hábitos bien distintos (vida sedentaria). La vida en el campo, basada principalmente en las necesidades básicas del ser humano –en la supervivencia como sostiene Tönnies, como voluntad esencial (Wesenville)– adquiere un cariz de sencillez y estrictamente acorde con la finalidad de vivir: “el campesino más se aproxima a la índole primaria del hombre”, añade Ibn Jaldún. Esta sencillez propia de la vida rural se caracteriza por desprenderse de la necesidad de gobiernos y estructuras militares como medios de protección, la cual tanto necesitan las ciudades para la protección de sus habitantes y sus pertenencias (según Tönnies, esto se debe a la voluntad racional e instrumental (Kürville) propia de la Gesellschaft, basada en intereses forzosamente artificiales en consonancia con la industrialización y modernización social, política y económica–.

La vida en la ciudad, sucesora de la rural, se escinde de una vida basada en lo estrictamente necesario, para fundamentarse en los lujos y la sed de riqueza material. Y, con ello, se trazan unos hábitos de vida centrados en el goce, ya no en la virtud o la vida comunitaria, sino en cierto placer individual y en una mayor dependencia de instituciones de poder, en detrimento del poder más espontáneo y colectivo propio del nómada.

Más allá de estos dos planteamientos que, tanto en Tönnies como en Ibn Jaldún, encontraban un conflicto entre estilos de vida y la tendencia social de desembocar en formas de organización política y económica, envueltas en relaciones de poder asimétricas envestidas en clases sociales, desintegradoras de la vida en comunidad y de cierta solidaridad (o Asabiyyah para Ibn Jaldún); encontramos una explicación en John Zerzan (1994) desde una perspectiva no solo histórica, inclusive prehistórica, del posible origen de las jerarquías y clases sociales, de las desigualdades y división del trabajo.

Zerzan, partiendo de estudios antropológicos, arqueológicos, paleontológicos, etc., llega a una conclusión última, radical cuando menos, si la comparamos con la mayoría de críticas sociales: en primer lugar, la idea tan arraigada en la teoría de la evolución de que la especie humana fuera bruta, agresiva y desprovista de la inteligencia propia del Homo Sapiens es falsa. Además, ¿en base a qué se mide o evalúa el progreso?

Se estima, bajo tales descubrimientos, además de estudiando en la actualidad la diferencia entre tribus o clanes recolectoras y cazadoras en comparación con el resto de sociedades agrarias e/o industriales, que el ser humano no ha tenido los problemas propios de nuestros tiempos civilizados: en salud, conflictos sociales acentuados por complejas estructuras (desigualdad de género, violencia políticamente establecida, desigualdad de clases, etc), las distintas formas históricas de esclavitud, etc. Es más, la incidencia cultural y política de las sociedades civilizadas en poblaciones indígenas y nómadas –“no domesticadas”– se ha visto, en adelante, envueltas en estos problemas antes inexistentes.

De resultas, Zerzan encuentra la raiz del problema que andamos arrastrando milenios, en la domesticación del ser humano, que comienza a forjarse allá en el Paleolítico Superior con los rituales y el desarrollo del mundo simbólico: del lenguaje y la cultura. En cambio, comienza a emerger las jerarquías y estructuras de dominación con la agricultura, con el triunfo de unas relaciones sociales basadas fundamentalmente en la producción, ya no en la recolección y la caza (esta última práctica, la caza, fue en general minoritaria).

En síntesis, se bosquejan continuamente teorías y explicaciones que aluden a casos comunes en la historia, su originalidad solo es concreta no sustancial: los conflictos entre la vida rural y urbana en Ibn Jaldún está presente en las tensiones entre comunidad y sociedad en Tönnies. No por ser más original en el sentido de único, sino por su capacidad para entrever los orígenes del error de errores, del poder articulado en el lenguaje y la cultura en principio, resultando sus distintas formas y fenómenos (propiedad privada, división del trabajo, Estado, religión, etc.), John Zerzan se acerca a cierta explicación originaria de relevancia para la comprensión de nuestro presente. Provenimos de un pasado donde, desprovistos de sociedades e instituciones complejas, grandes jerarquías, de un lenguaje verbal y dimensión simbólica desarrollada (allá donde emerge los indicios del “decorado del saber”), tuvimos una vida acorde con la naturaleza que el ser humano, como animal, conforma. La domesticación y la explotación de la naturaleza, su apropiación por derecho y poder del ser humano, nos ha hecho heredar sistemas de vida cada vez menos espontáneos, más coercitivos y enajenados del mundo natural e instintivo.

BIBLIOGRAFÍA:

Oltra, B., Mantecón, A. and Oltra Algado, C. (2009). Sociología de la cultura. [Alicante (C/ Carlet, 3, 03007, Alicante)]: B. Oltra.

Oltra, B. (2005). El argumento de la sociología. [Alicante (C/ Carlet, 3, 03007, Alicante)]: B. Oltra.

Zerzan, J. (2001). Futuro primitivo y otros ensayos. Valencia: Numa.

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