Shakespeare: la trágica paradoja

“See the safety of the life you have built everything where it belongs” “What if everything around you isn’t quite as it seems? What if all the world you think you know is an elaborate dream?”

(Nine Inch Nails, Right Where It Belongs)

En el esfuerzo por encontrar coherencia y seguridad en cada una de nuestras concepciones del mundo y existencia, tarde o temprano la paradoja emerge y nos enreda, como si todo lo que permanecía en su sitio se hubiera descontrolado. Del mismo modo, con la misma rapidez, reestructuramos tales concepciones, reajustamos nuestros esquemas mentales para que prosigan con su coherencia pese a que esta nueva se revista de “incoherencia”, “ilógica”, “ilusión”, etc.

La esencia de las obras del dramaturgo William Shakespeare, sus protagonistas, abundan en paradojas, es decir, dichos y hechos que enfrentan a toda lógica, que invitan a la incongruencia. En la tragedia dramatúrgica Hamlet, el protagonista se ve ante la ya tan célebre cuestión entre “To be, or not to be”, donde se nos plantea el problema de la existencia, si ponerle fin y resolver así toda la tragedia que esta encierra, o si continuar la estancia existencial. En el discurso de Hamlet sobre “ser o no ser”, se nos justifica acto seguido, al fin y al cabo, la prosecución del existir, de no poner fin a la vida y prolongar la experiencia para con el mundo que concibe. Tras adivinar el dolor y las injusticias que configuran el mundo, la cárcel que es Dinamarca que él mismo concibe, rechaza a posteriori la muerte, pues esta es desconocida y encierra de igual modo una mayor ambigüedad. Primero Hamlet se pregunta: “¿Quién soportaría los azotes e injurias de este mundo, el desmán del tirano, la afrenta del soberbio, las penas del amor menospreciado […], pudiendo cerrar cuentas con un simple puñal?”. Sin embargo, concluye lo siguiente: “¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida, si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve, detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos antes de huir hacia otros que ignoramos?”.

Como hemos citado al principio, como introducción al comentario, la letra traducida del cantautor del grupo musical Nine Inch Nails nos revela lo siguiente: “Observa la seguridad de la vida que has construido, todo está en su lugar”, “¿qué pasa si todo lo que te rodea no es como parece? ¿Qué pasa si todo el mundo que crees conocer es un elaborado sueño?”. Tanto Hamlet como lo que nos trata de transmitir la letra mencionada se encargan de reajustar una paradoja concreta, relacionadas en este caso con la existencia.

Tras unas condiciones que provocan dolor y penuria, desconcierto y ambigüedad, el ser humano, provisto de conciencia, se adhiere a nuevos significados y juicios, reajustando las contradicciones de su experiencia y pensamiento en premisas lógicas, supeditadas al mismo lenguaje y paradigma con el cual fue socializado. Si mi existencia se ve ante unas condiciones que me conllevan a cuestionarla, si sufro una fuerte contradicción en mi concepción del mundo, pronto he de saciar mi sed de coherencia: de una u otra forma. Si el mundo que me rodea y conozco me resulta, ahora, un producto de mi ensueño, una mera apariencia; todo se restablece, sorprendentemente regresamos a nuestro punto de partida: todo está en su lugar, se restablece la coherencia, ajustamos el esquema mental en nuevas explicaciones y conceptos que tratan de comprender nuestra experiencia. Si la nausea de la existencia me impide soportar la vida, si ser y estar me provoca un tremendo dolor y por ello me planteo el suicidio y, sin embargo, encuentro una vía bien distinta y decido proseguir siendo, ya que el suicidio no asegura mi coherencia, bien sea a través de un estilo de vida ritualista o practicando mil y unas actividades que me otorga la vida en sociedad; la coherencia también queda restablecida.

El proceso es habitual, presente tanto en el individuo más optimista con miras al cambio como en el más pesimista y obcecado en la descomposición y la dejadez humana. Interesante es recordar el pensamiento y acción del autor Philipp Mainländer que, tras escribir su Filosofía de la liberación (1876) se suicidó, ya que encontraba en la “no-existencia” su motivo primordial, lo preferible a la existencia: reajustando así la coherencia, dando una salida racional a la conciencia, justificando las premisas y el lenguaje que le poseen. El mismo lenguaje que me obliga, en mayor o menor medida, a ordenar y clasificar todas estas consideraciones teóricas.

“La vida es una sombra que camina, un pobre actor que en escena se arrebata y contonea y nunca más se le oye. Es un cuento que cuenta un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”, dice Macbeth tras ser informado de la muerte de su esposa, en otra de las obras de Shakespeare. Macbeth, tan lleno de ruido y furia, de teatralidad y sombra, como él mismo apela; donde su discurso prosigue retroalimentando la paradoja, el eterno uróboros: nada tiene sentido ni importancia, ¿excepto esta última consideración? ¿Excepto una supuesta “ausencia de”, excepto una conceptualizada nada?

De este modo, la paradoja prosigue, al igual que permanece la conciencia; mientras la alimentamos una y otra vez con los juegos del lenguaje y la necesidad de las identidades.

BIBLIOGRAFÍA:

Oltra, B., Mantecón, A. and Oltra Algado, C. (2009). Sociología de la cultura. [Alicante (C/ Carlet, 3, 03007, Alicante)]: B. Oltra.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s