La voluntad como acto inconsciente y estéril

En una de las más destacadas obras de Søren Kierkegaard, en Temor y temblor (1843), uno de los padres del existencialismo, encontramos un discurso a fin de cuentas envuelto en la problemática del individuo frente a lo general. Dos conceptos que, aunque se han considerado confluyentes uno con otro de una u otra manera, se han puesto en conflicto en el terreno de lo filosófico y, así mismo, político. Además, huelga añadir la problemática que supone esta definida dicotomía a la hora de valorar el significado y los motivos, las causas y orígenes, del sujeto humano y su relación con lo mundano, la sociedad: ¿El sujeto es en tanto en cuanto la estructura es? ¿El sujeto es capaz de desprenderse de lo general? ¿Existe un individuo libre o capaz de liberarse de su sujeción respecto a lo estructural?

Respecto a los anteriores planteamientos encontramos dos autores y perspectivas del s. XX que podrían relacionarse con el existencialismo de Kierkegaard y el problema individuo-sociedad que encierra: Louis Althusser (1918-1990) y Michel Foucault (1926-1984).

“Si no existiera un vínculo sagrado que mantuviera la unión de la humanidad, si las generaciones se sucediesen unas a otras del mismo modo que renueva el bosque sus hojas, […] si las generaciones pasaran por este mundo como las naves pasan por la mar, como el huracán atraviesa el desierto: actos inconscientes y estériles; […] ¡cuán vacía y desconsolada nos sería la existencia!”. Así comienza su obra Kierkegaard. Se nos habla de la vaciedad existencial, la carencia de sentido o motivo intrínseco en la amalgama de causas y creencias que embotan de identidades al humano y civilizaciones, una mera producción de cultura y símbolos: conjunto de significados y convicciones que se constituyen y reafirman en sociedad.

De este modo es como el individuo se constituye en tanto en cuanto a lo que la sociedad es, interioriza lo que “lo general” constituye como fin último, su “τέλος”: aquello tras lo cual, consciente o inconscientemente, van dirigidas todas las acciones del individuo. Encontramos aquí, pues, esa sujeción a la estructura preestablecida de “lo general”, la moral y demás derivaciones culturales de una sociedad concreta. No obstante, Kierkegaard, obcecado en su obra con “la paradoja de la fe” que supone el pasaje bíblico de Abraham y su hijo Isaac, encuentra en el individuo la posibilidad de desprenderse de lo general, de toda moral y sujeción cultural, para, una vez desligado de la lógica de la razón y del fin último de la sociedad, elevarse y actuar movido por la fe, particular e incomprensible por lo general.

El pasaje bíblico en el que se desenvuelve Temor y temblor pone en cuestión la paradoja del sacrificio que iba a llevar a cabo Abraham de su hijo Isaac (¿asesino o caballero de la fe?), movido por esa misma fe particular, enviado al monte Moriá, una prueba de Dios por la que ha de pasar. Abraham, pues, se posiciona por encima de lo general, de la significación social y moral del asesinato de su hijo, para mantenerse en la fe que le es particular. Isaac finalmente no es asesinado, tras Abraham superar la prueba de la fe, se mantuvo en el absurdo de la fe y recuperó a su hijo en ese movimiento individual sin mediación. Se trata de una “suspensión teleológica de lo moral”: “En tanto que Individuo, ha superado lo general. […] A quien sigue la estrecha senda de la fe nadie puede ayudarlo, nadie puede comprenderle” (1958; p. 56). Así pues, pese a las cuestiones estructurales, lo general, cabe la posibilidad de trascenderla, cabe la posibilidad del movimiento individual más allá de meros “actos inconscientes y estériles” promovidos y determinados por el τέλος general.

Por ende, si se nos habla de cierto movimiento individual se nos sugiere cierta voluntad de poder, es decir, cierto grado de libertad del acto. Pero qué son el pasaje bíblico, la concepción de Dios, la doctrina cristiana, la rebelión contra lo general, la biografía de Kierkegaard, su condición de animal humano y su pretencioso libro, con su mensaje encriptado a su idílica amada Regine Olsen: ¿Qué son si no condiciones generales que sobrepasan lo particular, que, pese a su apariencia de movimiento individual, no derivan y convergen más que en la única posibilidad plausible por un constante presente condicionado? Una única posibilidad, pues, ¿qué son las “posibilidades” si no una especulación sobre la interpretación del pasado que se proyecta hacia un futuro imaginado?

Louise Althusser en su Ideología y aparatos ideológicos del Estado (1970) enfatiza en algunos matices de la concepción marxista de la sociedad, la cual se explica en términos de estructura o base económica y superestructura. Como si se tratara de un edificio, la base económica es la superficie en la que se asienta la superestructura; es decir, las condiciones materiales, el modo de producción, origina toda una amalgama de creencias, moral, sistema jurisdiccional, etc., acorde y al servicio del primer nivel (estructura). Se nos habla, pues, de la ideología, como ideología dominante (al servicio de una clase social): ideología como “representación de la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia”. Ideología que se encuentra especialmente presente en los aparatos ideológicos del Estado (AIE): AIE religiosos, AIE escolar, AIE político, AIE de la información, etc.

Bajo el punto de vista althusseriano encontramos esta preeminencia de lo estructural, de las condiciones determinantes tanto de la base económica como de la superestructura, ya que esta última encierra una “autonomía relativa” y produce sus propias contradicciones y reacciones. En este sentido, como se nos sugiere, la ideología interpela al individuo como sujeto. No encontramos ese movimiento individual en su máximo esplendor, esa poética elevación kierkegaardiana del individuo sobre lo general, sino condicionamientos multifactoriales que, en el caso de Althusser, se centran primordialmente en reproducir las relaciones de producción: el individuo es sujeto, por su sujeción a lo ideológico y sus condiciones reales de existencia, moviéndose este dentro de sus límites dados.

Por otro lado, será Michel Foucault quien se detendrá especialmente a estudiar lo que, desde la metáfora tópica marxista, se relaciona con la superestructura: los discursos de verdad (la tríada “poder, derecho y verdad”). Foucault se desprende de la concepción de ideología como aparato al servicio únicamente de una clase dominante, este aspecto, en cambio, lo vería como un resultado terminal y no un efecto de poder plenamente pretendido. De ahí a que se implique en el estudio de “la microfísica del poder” y no de una ideología unitaria: las distintas áreas en la vida social que se impregnan de objetos de conocimiento, de poder-saber (en el sentido nietzscheano), que afectan a las conciencias y cuerpos de una población concreta. Se trata de: “Antes de preguntarse cómo aparece el soberano en lo alto, saber cómo se han, poco a poco, progresivamente, realmente, materialmente constituido los sujetos, a partir de la multiplicidad de los cuerpos, de las fuerzas, de las energías, de las materialidades, de los deseos, de los pensamientos, etc.” (1980; p.143).

De resultas, el sujeto es en la medida de los límites que le constituyen, su voluntad no es si no la consecuencia última de sus condiciones. De ahí a que el acto solo se perciba en la especulación del tiempo que abstraemos e interpretamos, especulando sobre las posibilidades que encierra; en cambio, todo concluye en un único evento por más que creamos que somos dueños de nuestras decisiones:

«Sostener que el capricho, el azar, es decir, el individuo, no desempeña ningún papel en la historia es una necedad. No obstante, siempre que consideramos el devenir en su conjunto, el veredicto del Mahabharata acude invariablemente a nuestra mente: “El nudo del Destino no puede ser deshecho; nada en este mundo es el resultado de nuestros actos”». (Cioran, E.; 1979; p. 18).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Apreda, G. (2004). “La concepción de sujeto en Michel Foucault”. ISO 690.
Disponible en: http://www. kennedy. edu. ar/Deptos/Psicoanalisis/articulos/concepcio n_sujeto_en_foucault. Pdf.

Cioran, E. (1979). Desgarradura. Barcelona: Montesinos editor .S.A.

Foucault, M., Varela, J. and Álvarez-Uría, F. (1980). Microfísica del poder. Madrid: La Piqueta.

Kierkegaard, S. and Grinberg, J. (1958). Temor y temblor. Buenos Aires: Losada.
Oltra, B., Mantecón, A. and Oltra Algado, C. (2009). Sociología de la cultura. [Alicante (C/ Carlet, 3, 03007, Alicante)]: B. Oltra.

Terriles, R. (2008). “Althusser, Foucault y la cuestión ideológica”. ISO 690.
Disponible en: https://s3.amazonaws.com/

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