Desacoplamiento del ser-estar

Cuando pienso o imagino creo provocar una ruptura, sueño que soy; pero solo se es soñado en un momento presente y concreto. La ilusión no supera la realidad, pero es parte de la realidad. ¡Pobre hombre aquel que no se es soñado y, a la vez, está integrado en sus sueños!

Es posible que en otro contexto el animal humano no cargara con la conciencia del tiempo, del lenguaje que la ha engendrado, y ahí precisamente residiera lo que llamamos con toda ingenuidad, y con el peligro de anquilosarnos en tal ideal, la felicidad.

Como animales vivientes, es decir, animales provistos de fuerza expuesta al devenir existencial, y en nuestra condición velada de homo sapiens sapiens, encontramos cobijo en dos espacios que aparentan ser opuestos, pero que emergen de un mismo presente. Un espacio donde ser y estar permanecen acoplados, indisociables, yuxtapuestos. Cuando uno experimenta este estado de existencia, ya pueden venir los tiempos verbales y la noción temporal que se quieran, la estancia es de una sola naturaleza: se está y se es en un presente tangible, real, lienzo donde se lleva a cabo la obra inacabada e imperfecta que supondría la vida.

Por contra, el desacoplamiento del ser y estar, ese otro espacio, tiende a disociar a la persona de su obra, de las circunstancias dadas y creadas, fruto de una arbitrariedad y voluntad de poder manifiesta. De este modo, el presente queda soterrado por toda una montaña de especulaciones e ideales, las cuales enmascaran la inmediatez propia del animal y se nos condena a ser hombres que saben que saben, que creen saber que saben y, por ello, creen que saben que creen que saben que saben.

Y como todo lo que ha venido a este mundo para permanecer o perecer, torcerse, transformarse o superarse, estas dos interpretaciones del vivir no son excluyentes, ni siquiera eludibles. Pero queda preguntarnos si aun es posible deshacerse del abultado desacoplamiento dominante de nuestra era, re-apropiarnos de ese estado que en vano denominamos felicidad. Si no esta, no sé qué otra tarea me corresponde: la de crear (creer) con el riesgo de ser(me) creado (creído).

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